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Friday, 2 January 2009

El descubrimiento de la Ayahuasca por occidente

Los occidentales obviamente no "descubrimos" la Ayahuasca. Todo lo contrario ;-). En biblioteca virtual Luis Ángel Arango en Colombia hay un excelente resumen de la historia de cómo nos enteramos de su existencia. Sirva de primer post en español para el blog.


"MALPIGHIÁCEAS


196 -- |Banisteriopsis spp..

|Yajé, yojé y variantes, en las partes media y alta de los afluentes del Amazonas, del Caquetá, al Marañón.

|Cabí, capí o |caapi, en el Amazonas brasileño (Duche, 1946, 5, 6). La última forma sería puramente literaria, y no usada por la gente de la región que nunca duplica la a (Ducke, 1958, 4-5). |Kapij pertenecería al dialecto tariana (Barbosa Rodrigues, 1893, 54).

|Natema, en jíbaro (véase adelante).

|Ayahuasca; ayawáskha; hayahuasca; hayaguasca; hayacwaska, del quechua. En los cuatro primeros casos equivaldría a |bejuco de muerto; en el último, a |bejuco amargo, que parece ser lo más acertado (Tessmann, 1930, 242; Espinosa Pérez, 1935, 186; -----, 1955, I, 453; Lira, 1945, 75; 237-238).

|Nepi, nepe, en campaz o colorado (costa ecuatoriana) (Jijón y Caamaño, 1941, II, 156, 254). Quizá de aquí se ha derivado |dapa, nombre que le dan a dicho bejuco los cholos del |Saija, en la costa colombiana.

|Pildé, pindé, en la costa del Pacífico de Colombia y en parte de la del Ecuador (véase adelante).

Otros nombres indígenas abajo.

El misionero franciscano Laureano Montesdeoca de la Cruz, en el relato (1647) de un viaje suyo a 1 a comarca que habitaban los indios encabellados, o sea en el Napo abajo de la confluen cia del Aguarico, viaje realizado en 1637, anota: "Aunque beben de sus vinos y de unas aguas que cuecen de unas raíces, no se embriagan, ni tal cosa vimos en el tiempo que allí estuvimos" (Compte, 1885, I, 159; Montesdeoca, 1942, 14).

El jesuíta Juan Lorenzo Lucero, en una carta en que relata sus aventuras y observaciones durante una entrada hecha al país de los jíbaros en 1682, se extiende sobre la manera como actuaban los brujos o piaches, elementos que más enemistad y oposición despertaban entre los misioneros. Señala que tenían chozas apartadas donde, para el ejercicio de su actividad, usaban varias prácticas, una de las cuales consistía en "beber el zumo de varias yerbas, cuyo natural efecto es embriagar al hombre con tanto vahído de cabeza, que está del todo y tan por los suelos, que bien se le hace la humildad de la ermita en que vive, adora y consulta al que tiene por trono, en pena de su soberbia, la yerta calavera de un embaidor" (J. de la Espada, 1889, Mar., 626). Enrevesada noticia que --si bien puede aplicarse a |Datura (véase) --no excluye a |Banisteriopsis. El cofrade de Lucero, Juan Magnin, en 1740, sí menciona taxativamente la AYAHUASSA (así) entre los remedios usados por los maynas, sin concederle particular atención (Magnin: RI, 1940, I, 164).

Pero su contemporáneo y cofrade Pablo Maroni, quien escribía en 1737, hablando también de los piaches o brujos, es más concreto: "Para adivinar, usan beber el zumo [del borrachero, nu meral 209J...; otros de un bejuco que se llama vulgarmente AYAHUASCA, ambos muy eficaces para privar de los sentidos, y aun de la vida, cargando la mano (Deste usan también a veces para curarse de enfermedades habituales, principalmente los dolores de cabeza). Bébele, pues, el que quiere adivinar, con ciertas ceremonias, y estando privado de los sentidos boca abajo, para que no lo ahogue la fuerza de la hierba, se está así muchas horas y a veces aun los dos y tres días, hasta que haga su curso y se acabe la embriaguez". En seguida describe los resultados obtenidos (J. de la Espada, 1889, Mar., 125-126). Como se ve, Maroni mezcla los síntomas de la embriaguez producida por las dos plantas de que ha hablado, el |Datura y el ayahuasca.

No siempre los datos de la época colonial son tan concretos. El jesuíta Manuel de Uriarte, en una carta escrita el 4 de noviembre de 1754 a su hermana María Francisca, de la orden de Santo Domingo, a Vitoria, España, le dice a propósito de los indígenas que vivían en Tururí, río Coca, tres días abajo de la confluencia con el Napo: "nunca se emborrachan del todo [con sus bebidas fermentadas de yuca y plátano], aunque beben tanto, sino con una raíz o corteza que llaman Yoco, que toman cuando quieren matar a alguno" (Jesuítas, 1942, Bog., 66). Es evidente que este dato debe atribuirse al YAGÉ y no al Yoco (véase numeral 199), que es estimulante y no narcótico. Nótese de paso la similitud de la observación con la del franciscano Montesdeoca de la Cruz citada en primer término, más de un siglo anterior. En otra obra del mismo Uriarte, en una referencia correspondiente a 1753, se habla del "cocó, una raíz motora de borracheras" (Uriarte, 1952, I, 89). Un cofrade contemporáneo menciona también el uso del HAYAC HUASCA por las tribus del Marañón (Veigl: Murr, 1785, 189; -----, 1789, 11 (XVII), 55-56; 138).

Esto no es extraño, pues en tiempos más recientes, la palabra YAGÉ ha sido confundida con otras similares, bien por diferencias dialectales de acuerdo con el lugar en que se hizo la observación, bien por la distinta notación fonética de los autores, o ya por errores de transcripción o de imprenta. Muchas veces viajeros apresurados --especialmente del grupo de los sensacionalistas --anotan informes suministrados a la ligera, sin tener oportunidad de observar por sí mismos las costumbres.

Bajo el nombre de YOJÉ menciona el cura José María Albis, quien en 1854 hizo un viaje por los ríos Mecaya, Senseya y Caneaya, afluentes del Caquetá, donde moraban los macaguajes, un bejuco con el cual los brujos o piaches hacían una infusión para tomar por costumbre, cuyos efectos eran similares a los de la tonga o borrachero: "i a favor del alucinamiento producido por este magnetismo vegetal, creen ver cosas desconocidas i adivinan el porvenir". Pero con este bejuco considerado venenoso, tomado en infusión en pequeñas cantidades, se curaban los dolores de huesos (Albis: POPAYAN, 1936, 31; 32).

Más lamentable, por la época, es la confusión en que incurrió Rafael Reyes. En el relato de su primera exploración de Pasto al Amazonas (1901?) consigna que en Putumayo los pagés o brujos indígenas se embriagaban con el jugo de una planta narcótica llamada Yoco (Reyes, 1920, 455; Castellví: CILEAC, 1946-1950, IV, 24-27).

Las noticias de los misioneros franciscanos y jesuítas, así como el informe de Albis, tuvieron poca difusión. No aparecen detalles en esta época, anterior a la mitad del siglo XIX, sobre el procedimiento seguido por los indígenas para preparar la bebida alucinatoria. El carácter ritual o supersticioso del uso, confinado a ciertas circunstancias de la vida o a ciertos elementos del conglomerado social (los brujos en primer término); la misma índole semimdgica de las alucinaciones o visiones producidas, todo conspiraba para que la costumbre no pudiera ser cabalmente sabida y entendida por los blancos, sacerdotes o laicos. Qué mucho, si todavía ahora no se conocen exactamente ni la identidad botánica de algunas de las plantas que se han solido denominar con el nombre de yagé, ni se sabe si se le mezclan a la preparación otras sustancias.



Casi simultáneamente, varios viajeros en el área amazónica al promediar el siglo XIX, dieron informes sobre el uso de esta planta alucinatoria. Uno fue el mencionado cura José María Albis (véase atrás). En la cuenca del río Negro, y concretamente en- el Vaupés, lo observaron con. diferencia de pocos meses en 1851-1852 dos científicos ingleses (Wallace, 1939, 381-382; 620-621; Spruce, 1908, 1, 325, 332; 11, 414-425).

El geógrafo Villavicencio y el mismo Spruce observaron la costumbre en el orienie ecuatoriano, el primero entre los záparos, santa-marías, mazares y anguteros (Villavicencio, 1858, 371-373), y el segundo en el área entre el Ucayali y el Marañón por el flanco cordillerano.

Hasta donde puede saberse por los escasos datos seguros que hay sobre la materia, el uso del yajé obedeció a variaciones locales, según las tribus. Parece que en la mayoría de ellas sólo les era permitido a los pioches y a los adultos en ciertas circunstancias, vedándose a las mueres y a los niños (Villavicencio, op. cit., 373). Los cocamos que hasta hace pocos años tomaban JAÚMA, pues así le llaman, lo hacían antes como preparativo de expediciones guerreras, con participación en la bebida de todos los varones, "aun los jóvenes y muchachos de alguna edad" (Espinosa, 1935, 136-137). Este mismo autor dice haber observado la costumbre entre los piojés del Napo en forma colectiva, "con el aparato y misterio de un acto social de culto" (Ibid., 148).

Los estudios más completos sobre el uso del yagé, por testigos presenciales de la preparación y de los efectos, durante un tiempo suficientemente prolongado para que sus observaciones tengan cierta garantía de certeza, son los de Reinburg (1921) y de Rafael Karsten (1912-1918; 1935). Como el primero hace énfasis en los efectos producidos, se discutirá adelante.

Para los jíbaros del Ecuador el NATEMA es planta mágica, así como la bebida que con ella se prepara (Karsten, 1935, 115; 381); lo mismo que para los canelos (Ibid., 391). Como tal, sólo los hombres la preparan, así como otras bebidas en que entran sustancias narcóticas (véase numeral 209) (Ibid., 115). En ocasiones especiales, la parafernalia se matiza con otras prácticas concomitantes, como tocar cierta clase de instrumentos musicales (lbid., 111, 437-438), o asociar la bebida con la pintura facial a base de achiote, que refuerza la protección (Ibid., 437) (véase capítulo XVI). A veces una estaca de yuca colocada en las vasijas en que se hierven el natema y el Datura, obra como talismán estimulante de la virtud de ambas bebidas y del tabaco (Ibid., 344). Las interdicciones y restricciones que se imponen los hombres para plantar el natema, pues a fuer de vegetal masculino sólo a ellos compete la siembra, forman parte del ambiente mágico que rodea ala planta; una de tales restricciones es la del comercio sexual (Ibid., 142, 217).

Participan en la bebida ambos sexos, pero en diferentes circunstancias de tiempo y Iugar Entre los hombres, el curandero toma yapé para prepararse cuando necesita conocer la enfermedad que aqueja a alguno y los medios de combatirla (Ibid., 436); cuando quiere conocer cómo debe defenderse de sus rivales de oficio o de sus enemigos; a simplemente para hechizar a alguno (Ibid., 437-438, 406-407). Asimismo, cuando el curandero se inicia en el oficio, en las ceremonias de investimiento, que duran varios días, bebe tabaco y natema cotidianamente (Ibid., 400, 404).

Los varones de la tribu, especialmente los guerreros, ingieren natema antes de expediciones de guerra o represalia, para saber qué suerte han de correr en ellas (Ibid., 260). Otra ocasión es la de la fiesta de la victoria.

Las mujeres la toman especialmente durante las ceremonias agrarias, supuesto que ellas son las sembradoras de plantas hembras, como la yuca, el maní y otras (Ibid., 125, 128; 435-436).

En el segundo día de la fiesta de la victoria, que por eso se llama natemá-umartinyu = bebezón de natema, todos los asistentes toman la bebida (Ibid., 343-346).

En la fiesta que dedican a los perros, les hacen tomar el yapé incluso a estos animales (Ibid., 170).

También varía la manera de preparar la bebida, de acuerda con el f in específico con que va a ser usada. Para la mencionada fiesta de la bebezón, sólo se hierven los componentes durante una hora. Todos, aún los muchachos, beben, esta vez en vasijas ornamentadas, hasta medio litro; vomitan, pues al principio obra como emétfco, y vuelven a tomar y vomitar por tres veces (Ibid., 345, 435-436, 438). Luego salen a soñar en ranchos separados de la casa (Ibid., 345-346).

Para ejercer su f unción de curandero, el piache toma yapé que ha hervido un día entero (Ibid., 413, 436), a fuego lento. Primero bebe, de noche, un poco de tabaco, invocando al espíritu de esta planta, y luego, el natema de un tirón (Ibid., 413-414); repite éste hasta cuatro veces, pues el objetivo es intoxicarse, provocando un estado de excitación durante el cual danza, y en el sueño que sigue puede conocer la causa de la enfermedad que debe curar (Ibid., 417, 418).

Asimismo, parece que hay diferencia si la parte utilizada es simplemente eI tallo o sólo la porción basal de éste; cercana a las raíces (Ibid., 343, 344; 433). Esto aclara algunas de las informaciones de misioneros, que se refieren a la "raíz".


Medicina.

La mayor parte de los que han escrito sobre yapé, se refieren solamente a las propiedades narcóticas y alucinantes de la bebida. Como siempre, las cos lumbres indígenas son mucho más complejas de lo que se suele suponer. El yagé se usa también como medicina, principalmente como vomitivo (Karsten, 1935, 345; 433; 436; 508), pero también contra las fiebres, en este caso mezclado con tabaco (Ibid., 507). Ya se dijo que los macaguajes a mediados del siglo XIX lo usaban para curar "dolores de huesos" (Albis, 1936, 32). Era la principal medicina al pie de los Andes (Spruce, 1908, II, 438). A un viajero le informaron en Umbría, Putumayo, que el yagé sólo, se usaba para malaria con resultados seguros (Morton, 1931, 488). Otros informes sobre este aspecto se dieron atrás (Maroni: J. de la Espada, 1889, Mar., 125-126).


Composición.

Fueron investigadores colombianos los que primero estudiaron la composición química del yagé, desde principios del presente siglo. Los nombres de Zerda Bayón, Barriga Villalba y Fisher Cár denas están vinculados a esta empresa. Posteriormente, científicos de otros países han ensanchado el conocimiento sobre este alucinógeno. Se ha llegado a saber que la yageína es la misma harmina que se halla en otras plantas del Viejo Mundo, especialmente la |Peganum harmala L., de las Zigofiláceas, llamada ALHARMA en España (Font Quer, 1962, 423-424).

La dificultad de obtener material botánico completo y suficiente cantidad de tallos, hojas y raíces para análisis, ha demorado la identificación del completo de plantas que se conocen bajo el nombre general de yapé, y el estudio de sus componentes. Pero se va definiendo ahora que hay por Io menos dos principios diferentes, de acuerdo con la clase de planta usada. El yagé común y corriente, cultivado, que puede ser |Baniseriopsís inebríans Morton (Cuatrecasas, 1958, 511-512), o aun |B. caapí (Spruce) Morton (Ibid., 506-511), contendría harmina I y huellas de otro alcaloide que podría ser harmalina o methoxy-6-N-dimetyltryptamina; mientras que |B. rusbyana (Niedz.) Morton (Cuatrecasas, op. cit., 494), colectado como YAGEÚCO ú OCOYAGÉ (véase adelante), contendría una sola base, identificada como N-dimetyltryptamina II, señalada previamente en granas de varias especies de |Anadenanthera, que son también narcóticas (Poisson, 1965, 242; Friedberg, 1965, 421). Los efectos de estos distintos alcaloides son asimismo diferentes (Friedberg, op. cit., 432). Al mencionado en último lugar se le ha atribuido que produce lá visión azul (Morton, 1931, 487).


Cultivo.

El yagé es otro ejemplo de planta que mantiene en la misma área de origen la condición de silvestre y de cultivada. En repetidas ocasiones a lo largo de esta obra, con otras especies ame ricanas, se há llamado la atención sobre tal circunstancia y se ha tratado de explicarla.

En 1852, el botánico Spruce halló matas cultivadas aquí y allá, en las cercanías de la casa que habitaba el cacique tarianá Calixto, de Yavareté, en el Río Negro, donde es ahora lá frontera de Colombia-Venezuela y Brasil (Spruce, 1908, I, 325).

En 1920 los záparos de San Antonio de Curaray mantenían plantas de yagé sembradas cerca de sus viviendas (Reinburg: JSAP, 1921, XIII, 31; Pardal, 1937? 314).

Por esta misma época se conocía yagé sembrado en el río Cajambre y quizá en el Naya, costa del Pacífico del Valle del Cauca, de donde se llevaron matas para propagar en Cali (Rojas BEV, 1925, 95 y sigtes.). En la región del Naya se distinguen por la gente dos clases: "pildé negro", que sería el más efectivo, y "pildé blanco" (Información de Miguel Santos Mosquera). También del Caqueté se llevaron por esa época estacas y plantas a Cali (Rojas, op. cit., 103); luego lo había plantado allá, como se demuestra por otras fuentes (USNH: Pérez Arbeláez, 639, 1930, "yajé", Florencia; Hammerman: RBA, 1930, X, 602: Getucha).

Quizá como un relicto de las introducciones hechas a Cali, se colectó en 1942 en lá hacienda "Valparaíso", de Tuluá, por Cuatrecasas y Dryander, la muestra 14372: "bejuco cultivado, procedente del Caquetá" (USNH). De este material se llevó al bajo Calima en 1946 (Patiño, 1947, 22).

Hay que advertir también que del material llevado a Cali por 1923-1930, unas veces obtenido en la costa del Pacífico, otras en el Caquetá y otras en el Putumayo vía Nariño (Rojas, op. cit.), se envió parte a Francia y a Bélgica para estudios científicos. Una de estas muestras está mencionada en la literatura (Gagnepain RBA, 1930, X, 293), _Y en reciente publicación ha sido dada equivocadamente como del Cauca, Ecuador (Friedberg, 1965, 418).

El botánico Ducke cuenta que en 1929 obtuvo estacas de capí en una casa indígena donde lo tenían plantado, en el río Caricuriarí, afluente del Río Negro; primero las plantó en el Campo Experimental de Cachoeira Grande, suburbios de Mancos, y de allí llevó material al Jardín Botánico de Río de Janeiro en 1930 (Ducke, 1958, 1-2; USNH: Ducke, 153, 1936, "caapí", Manaos). En 1931, consiguió otras estacas de "ayahuasca" en Loreto, Perú, que también fueron llevadas posteriormente a Rio (Ibid., 1958, 2). Se cultiva cerca de Mancos, y más raramente en Belem del Pará (Ibid., 4).

Hay informes de un tipo de yapé cultivado en la parte limítrofe de Colombia y Perú en el Putumayo (Morton, 1931, 487; USNH: E. P. Killip y A. C. Smith 29486, 1929, "ayahuasca", San Antonio, río Itaya, Loreto; -----, 29825, 1929, "ayahuasca", Iquitos).

Entre 1914-1918 se conocían plantas de natema cultivadas por los jíbaros del oriente ecuatoriano (Karsten, 1935, 437). Queda dicho cómo, siendo una planta mágica considerada masculina, la siembran sólo los hombres, sometiéndose a un ritual complicado (Ibid., 124, 142; 217).

Con antecedencia se ha señalado el cultivo entre los colorados y cayapas de la costa ecuatoriana (Karsten, op. cit., 433). La botánica Inés Mejía colectó en 1934 la muestra 6636, de "nepe, ayahuasca", en la hacienda Santa María, del cantón Vinces, provincia de Los Ríos, Ecuador (USNH). Debió ser de esta zona donde los andariegos indígenas chocoes introdujeron un tipo de DAPA o PILDÉ a Ios ríos Sana y Naya y al Chocó, donde las referencias lo han señalado de tiempo en tiempo.

Los cofanes han cultivado yapé en el Putumayo y en su afluente el Sucumbíos, que constituye frontera entre Colombia y el Ecuador (USNH: Cuatrecasas 10599, 1940, "yapé", Puerto Porvenir, arriba de Puerto Ospina hacia La Loma; -----, 11061, 1940, río San Miguel, entre afluentes Bermeja y Conejo", "yajé").

Hernando García Barriga colectó la muestra 1441 S en 1952, con estos datos: "cají-idirekai" (makuna); "yapé", "kapi" (yukuna), en el río Apaporis, sitio Jino-Gojé, entre los ríos Piraparaná y Popeyacá (Amazonia-Vaupés ((USNH: Schultes, 1960, 173).



imagen original


FIG. 33. |Banisteriopsis caapi (Spruce) Morton. Una de las plantas de "yagé". a), ramas con flor y fruto (x1/2); b), flor desprovista de periamo (x5); e.), gineceo (x5); d), detalle del ápice del estilo (x20). Reproducido de Cuatrecasas, 1958, pp. 508-509.


Varios.

En un principio se ha creído que el yapé se obtenía de una sola especie de planta, más bien vaga e indeterminada. A medida que se ha avanzado en el conocimiento del escenario geográfico y de las costumbres indígenas, se ha ido haciendo evidente que varias plantas se utilizan en el área amazónica para preparar una bebida narcótica, con la característica de suscitar clarividencia o anticipación de acontecimientos. Todavía ni la identidad botánica de algunas es conocida; pero ya se ha hablado de efectos diferentes o complementarios, según la especie utilizada o las plantas con que se haga mezcla.

De estas, es un poco mejor conocida -aunque no del todola clasificada como |Banisteriopsis rusbyana, que ya se sospechó fuera la que produce el color azul en las visiones, y se denomina en cierta área del Putumayo como OCO-YAGÉ O CHAGRO-PANGA (Morton, 1931, 487; USNH: C. Klug, 1971, 1931, Umbría, Putumayo). Con el nombre de YAGEúCO la colectó Cuatrecasas (N° 10597) en 1940, cultivada por los cofanes en Puerto Porvenir, arriba de Puerto Ospina, hacia La Loma, también en el Putumayo (USNH). Las hojas se adicionan al yagé para preparar la bebida. Nótese de paso la semejanza de los nombres OCO-YAGÉ y YAGEúCO, pues sólo hay unn trasposición de prefijos.

Quizá no otra cosa es el IAHI que le mezclaban los jíbaros al natema, cuando de hacer una curación se trataba (Karsten, 1935, 413). Pero del mismo yagé los canelos distinguen tres clases puma-ayahuasca, ahuiringri ayahuasca y tunchi ayahuasca; esta última es la especialmente usada por los brujos (Ibid., nota 432). Por desgracia, estas informaciones no fueron acompañadas con las colecciones botánicas pertinentes, y así, no se conoce su identidad.

También usan mezcla los sibundoyes, que obtienen el material necesario para hacerla, en las partes cálidas adyacentes, y llaman BIAJÚ o BIAJA a la bebida (Bristol: BML, 1966, 21, N° 5 113-140; 120, 129).

Pocas noticias fidedignas hay sobre el PILDÉ que habrían usado los chocoes de la costa colombiana del Pacífico (Wassén, 1935, 101-102). Cuando el autor llevó tallos del yagé cultivado en el Valle del Cauca, a la Estación Agroforestal del Calima, Buenaventura, en 1945-46 (Pestiño, 1947, 22), se le informó que esa planta era conocida por los "cholos" con los nombres de PILDÉ O PINDÉ. Mientras se revisaban los originales de este volumen, el autor tuvo oportunidad de entrar en contacto con indígenas choco es del río Saija, entre los cuales la planta es cultivada y parcialmente usada, bajo el nombre de DADA. Esos informes condujeron al hallazgo, con carácter espontáneo, de un |Banisteriopsis sp. en la cuenca del río Daqua, Valle del Cauca, que a veces se usa como narcótico."


copiado de aqui

Para los que estén insteresados en los nombres por los que las distintas culturas amazónicas llamaba a la ayahuasca, Doctorcito hizo un magnifico (y docto) resumen aquí

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